Esos pequeños solcitos
Fue en mayo del 2007, un frio mediodía me encontró acomodando mercaderías en el kiosco, cuando entró Martin, y de su campera asomo una cabecita negra, peluda, redondita. Y pase a tener un hijo, llamado Al-Deb-Ahrán, que se acurrucaba entre mi pecho y mi brazo a la noche; y ahí, dormía.
No fue hasta pasado dos meses que nos dimos cuenta que Al-Deb-Ahrán, no era gato, sino gata, y hubo que volver a bautizarla: Tennar fue el nombre elegido, heroína de “Cuentos de Terramar”.
Y como toda mascota/hijo, que al fin y al cabo son extensiones de uno mismo, ella sola fue llenando los mediodías y las noches y esos tiempitos libres con cada pequeña ocurrencia.
Y así, a sus seis meses, fue su primera escapada, una noche. Una sola noche, basto para conocer los techos. Y las pastillas, consejo del veterinario llegaron tarde. Tennar crecía, y su panza también.
8 de diciembre de 2007 fue el día, 4 pequeñas bellezas llegaron a este mundo y la familia de repente se agrandó.
Boris, el primero, gato blanco y negro, el mayor. Al-Deb-Ahrán, este si macho, fue el segundo, blanco con rayas, hermoso, un peluche. Saxeenah, la dama, igual que su hermano mayor, blanca y negra y Beor, un pompón rayadito completaban el cuarteto.
Fueron creciendo, alegrando los días. Inevitablemente Beor se fue con vecinos. Boris también. Pero fue devuelto, lloraba mucho. Y la familia quedo formada por mama, y sus tres hijos.
Crecieron, y mucho. Y jugaban. Y cada nueva ocurrencia era motivo de foto.
Y cada uno demostraba su personalidad.
Es que cuatro gatos ya son muchos. Tennar, la madre abnegada, les seguía dando de mamar, y había que correrlos, ya gatos grandotes, porque no la dejaban en paz.
Para evitar nuevas “sorpresas” Tennar paso por la veterinaria, y sin “maullar” un pero, acepto el destino.
Boris, tranquilo, cariñoso. Al-Deb-Ahrán, por la práctica devenido a Aldebarán, juguetón, peleador, Saxeenah, chiquita, posesiva, solo jugaba con su mama. Y cuando tuvieron edad, escapaba de sus hermanos. A decir verdad, solo estaban con nosotros. Cuando aparecía algún amigo o familiar, desaparecían.
Y pasaron los primeros años. Los primeros celos.
Y en Agosto paso un terrible viento Zonda.
Y un sábado de Febrero pasó un temblor.
Y fue en Abril de 2010 que Saxeenah desapareció, volvió rara, y se volvió a perder. Encontrarla ya dormida fue triste, tan chiquita, frágil.
Los hermanos siguieron con sus correrías, aparecían lastimados, rengos, pero volvían, puntuales a comer y dormir. Y dormían abrazados, a pesar de que de día, se podían desconocer.
Boris el mayor cariñoso, abrazaba a su hermano. Aldebarán, orgulloso, recorría el patio, marcando su territorio de vecinos indeseables.
Y los tres, gatos grandes ya, daban la nota los mediodías o las noches con sus monerías. Salir o llegar y verlos esperándonos, sus ojos pendientes de lo que hacíamos. Porque solo con nosotros estaban. Y un inconveniente, ya que nadie más les podía dar de comer. Estar a la mañana, al mediodía y a la noche y ellos ya esperando, ronroneando.
Pero cuando me enfermaba, entraban a la pieza, se subían a la cama, y se acurrucaban. Y ahí se quedaban, haciendo compañía.
Este 2011 no perdonó. Como decían los abuelos, hay que pasar Agosto.
Y Agosto no perdonó. El último día se llevó a Aldebarán. Quiso la vida, el destino, o el mismo Aldebarán que lo encontrara en una vereda, a la mañana.
Y fue el mediodía, el ritual de buscar un lugar, cavar y enterrarlo.
Triste. Vivió fiel a su esencia, especial, único. Pero también compartió cariño. Y en la existencia individual de los felinos, nos hizo un lugar para nosotros. Solo para nosotros.
Son en estos momentos, que uno se pregunta y cuestiona el tener animales, porque son cariños muy cercanos, y su partida duele. Pero también es cierto que le damos amor y su afecto es sincero y genuino. Solo quedan las fotos, y el recuerdo de los buenos momentos.
Casi como adivinando, anoche Boris se metió en la pieza, debajo de la cama y no quería salir. Qué difícil es decirle que solo quedo él y su mama.
